Prólogo

Mérida de Yucatán

 Cuando los españoles se asentaron, hacia 1542, sobre las ruinas de la antigua ciudad maya T’Hó, también llamada Ichcaansihó, los vestigios les recordaron los monumentos romanos de la Augusta Emérita, en España. Sobre aquellas ruinas romanas se había fundado tiempo atrás, y debe a ellas su nombre, Mérida de Extremadura, en la península ibérica. Esta analogía bautizó a lo que se convertiría en el centro neurálgico de la península de Yucatán.

El origen del nombre Yucatán es más difícil de rastrear, pero algunas investigaciones afirman que deviene de la deformación fonética de la frase maya yuk ak katán que significa no entiendo tu lengua. Probable respuesta obtenida por los españoles cuando preguntaban en que sitio se encontraban.

Los Montejo y Nachi Cocom

Francisco de Montejo, “El Adelantado”, sufrió dos fracasos al intentar la conquista de la península de Yucatán en 1528 y 1535. Sería su hijo y homónimo Francisco de Montejo, “El Mozo”, quien consolidaría el dominio español en esta provincia. Gracias a ello, el 6 de enero de 1542 fue fundada la ciudad de Mérida de Yucatán.

Apenas unos meses después, el 11 de Junio de 1542, vendría la respuesta del pueblo sometido. Nachi Cocom, el último halach huinik, hombre de mando maya, sitió la ciudad y se libró la batalla definitiva en que los españoles resultaron victoriosos. Debido a ello el proyecto de la ciudad de Mérida fue durante mucho tiempo el de una ciudad amurallada. El temor de una sublevación indígena duró hasta bien entrado el siglo xix. Los arcos que quedan en la ciudad son el testimonio de aquel temor.

En 1617 Yucatán se consolidó como una Capitanía General del Reino de la Nueva España y durante el virreinato abarcó los actuales Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Petén y Belice. Los primeros edificios de la capital de esta capitanía, muchos de los cuales aún siguen en pie en el primer cuadro de la ciudad, fueron construidos con las piedras de los vestigios mayas que la rodeaban.

Evangelización, rebeliones y urbanismo

Durante los siglos xvii y xviii las labores de evangelización de parte de las órdenes franciscana, dominica y agustina pretendieron convertir a los mayas al catolicismo mediante el sermón y el ejemplo. Al mismo tiempo se devastaron miles de santuarios mayas y se prohibieron terminantemente los ritos ajenos a la religión de los conquistadores. El miedo a una revuelta para expulsar a los españoles llevó a denegar la entrada a Mérida a cualquier indígena o mestizo. Es probable que de aquí provenga el mote de “La ciudad blanca”.

Durante la colonia se experimentaron dos rebeliones: La de Sacalum en 1624 y la de Cisteli en 1761, siendo esta última la más recordada, pues su líder, Jacinto Uc de los Santos, mejor conocido como Canek, se convirtió en un símbolo de la liberación indígena hasta nuestros días. La rebelión de Cisteli fue rápidamente contenida por los españoles. Canek fue brutalmente torturado y asesinado en la plaza mayor y el pueblo de Cisteli destruido, incendiado y sus ejidos regados con sal para que nada volviese a florecer.

De esta época son los primeros esfuerzos de urbanización de Mérida, en los que destacan las obras del entonces gobernador Lucas de Gálvez quien conectó la ciudad con el resto del territorio, principalmente con el camino de Mérida a Campeche.

Independencia y Guerra de Castas

Durante el proceso de la Independencia de México, la península participó de forma determinante. Muestra de esa injerencia crucial fue el grupo de criollos yucatecos que se reunían en la iglesia de San Juan para compartir textos e ideas en torno al liberalismo, en contra del clero y los aristócratas, así como sobre la educación indígena. Los llamados sanjuanistas fueron la punta de lanza de la lucha contra la Corona Española. Entre ellos se cuentan Lorenzo de Zavala y José Matías Quintana, padre de Andrés Quintana Roo considerado héroe peninsular y nacional.

Tras la emancipación del pueblo mexicano, los yucatecos pugnaron por una república propia. Por ello en 1841 se redactó la Constitución de Yucatán, que declaraba esta tierra como independiente de la naciente nación mexicana. Durante este periodo Yucatán vivió la más larga y sangrienta rebelión indígena de la que se tenga registro en todo el territorio mexicano. Conocida como la Guerra de Castas, esta lucha de mayas insurrectos comandados por los líderes Jacinto Pat, Cecilio Chi y Manuel Antonio Ay obligó a los gobernantes de la península a pedir ayuda al gobierno mexicano. A cambio, el gobierno federal solicitó la reintegración de Yucatán a la soberanía mexicana.

Oro verde, porfirismo y Revolución

A mediados del siglo xix apareció en el horizonte económico de Yucatán una planta que significó una tremenda bonanza para las clases dirigentes y la sociedad burguesa: el henequén. Esta planta es similar al agave y por sus características es ideal para el hilado y la fabricación de textiles. La comercialización del henequén, basada en un sistema de explotación esclavista, estuvo en manos de la oligarquía yucateca y significó una derrama económica y la concentración de la riqueza y la tierra  durante la época del porfiriato, cuando 830 latifundistas eran dueños del 98% de la superficie rural del país.

Los hacendados yucatecos, con Olegario Molina y Avelino Montes como los más recordados, patrocinaron grandes obras urbanas y sembraron de palacios la capital de Yucatán. El Paseo de Montejo, hecho a imagen y semejanza de los Campos Elíseos parisinos, es una muestra de la riqueza acumulada durante esos años en que se impusieron modas y costumbres europeas.

Con el triunfo de la Revolución Mexicana a inicios del siglo xx, la vida de la ciudad de Mérida dio un giro hacia políticas de corte social en la que destacan dos personalidades: Salvador Alvarado y Felipe Carillo Puerto.

Salvador Alvarado, quien entró triunfante a Mérida en 1915 y procedió a expropiar bienes eclesiásticos tales como el Palacio Episcopal, hoy Ateneo Peninsular, estableció la Casa del Obrero Mundial y financió el Primer Consejo Feminista de Yucatán, entre otras acciones de corte social. En su tarea de reformador social se alió con Felipe Carillo Puerto, fundador del Partido Socialista del Sureste y quien sería  recordado como gobernador de Yucatán por su apoyo a las comunidades mayas y su franco enfrentamiento con los hacendados.

En 1923, Carrillo Puerto fue capturado por órdenes del presidente Adolfo de la Huerta. Su fusilamiento se llevó a cabo en el Cementerio de General Mérida, donde se mantiene en pie el paredón, acompañado con una placa frente al cual le dieron muerte, a unos metros de aquel muro descansan sus restos, en un mausoleo de arquitectura neomaya.

Estos cinco siglos de historia descansan en los muros y calles de Mérida. Los textos que presentamos están encaminados a afianzar la memoria de esta ciudad peninsular y hacer a los caminantes reflexionar sobre el devenir de las ciudades y sus personajes. Los edificios, esquinas y callejones que aquí proponemos como lugares imprescindibles de Mérida, esconden los relatos y las vidas de quienes los habitaron.

Alonso José Pérez Gay J.