Esquina de “El Moro Muza”

Calle 65 y 56, Centro, 97000


Aquí se encontraba la taberna “El Moro Muza”. Un incendio en 1935 dejó como único vestigio una escultura que descansaba en un nicho exterior. Tras el incendio el escritor yucateco Manuel Cirerol descubrió su origen maya.


De tantos “accidentales siniestros” ocurridos en esta capital, el de mayores consecuencias en la historia de Mérida ha sido el de la noche del 14 de mayo de 1935, que destruyó una casona con más de tres centurias de vida. En la esquina de esta casona, durante varios años del siglo XVII, se ubicó la taberna “El Moro Muza”. Su dueño era un hombre proveniente de la provincia de Badajoz que llegó a América, como otros tantos, en busca de “El Dorado”.

Fracasado el sueño, para no perecer de hambre comenzó a dedicarse al oficio que conocía: tabernero había sido en España, tabernero sería en América. Como pudo, el joven consiguió dinero que le permitió abrir una taberna muy cerca del Cuartel de Dragones.

Puso por nombre a la taberna el “El Moro Muza” y, a la usanza de aquellos días, mandó colocar en una esquina del edificio un extraño busto de piedra pintado con llamativos colores. La estatua representaba a un caballero de tez morena, ojos negros y grandes bigotes, lucía yelmo en la cabeza y cota de malla en el pecho. Extrañados por la estatua, los parroquianos interrogaban sobre su origen y significado al tabernero. Él contaba que esta era una representación de Muza Ben Nosei, célebre capitán árabe que conquistó muchas tierras españolas, menos la tierra extremeña de Mérida. Así, el hijo de aquella Mérida decidió conservar aquella memoria en esta Mérida.

Tras el incendio de 1935 el escritor y cineasta yucateco Manuel Cirerol Sansores pidió que la escultura fuera conservada como una reliquia colonial. Sin embargo, al ser removida la pintura que cubría la figura de piedra, Sansores descubrió que la escultura del Moro Muza era en realidad un ídolo maya. Por ello la pieza se encuentra resguardada en el Museo del Pueblo Maya de la zona arqueológica de Dzibilchaltún.

Sergio Ceballos Castillo