Ateneo Peninsular

Calle 60 #502 B Altos, Centro, 97000


Este recinto, antes Palacio Episcopal, inició sus actividades para el arte y la ciencia con la celebración de diversos eventos culturales en los primeros días de 1916. Actualmente alberga al Museo Contemporáneo Ateneo de Yucatán.


Erigido en el cruce de las calles 60 entre 61 y 63, este edificio con más de 400 años de historia no sólo es piedra fría, como algunos pueden pensar al ver su fachada. Hay vida en cada uno de los salones, en cada pasillo, en su jardín. Sus orígenes se remontan a la etapa colonial, durante el gobierno eclesiástico de fray Diego de Landa (1572-1579), quien mandó construir un recinto especial para el alojamiento de los obispos yucatecos. El edificio de dos plantas, con un patio central y corredores de arcos de medio punto, fue finalizado en la primera mitad del siglo XVII, ya en el periodo del obispo fray Gonzalo de Salazar (1608-1636). Pasó el tiempo y casi doscientos años después, exactamente en 1751, en los patios del Palacio Arzobispal se fundó el Seminario Conciliar de Nuestra Señora del Rosario y de San Idelfonso o Colegio Tridentino.

Diez años más tarde, en el inmueble, ahora de dos pisos, se comenzaba una labor de instrucción para los jóvenes yucatecos, que no sólo recibían la enseñanza católica, sino que además tenían oportunidad de aprender oficios y profesiones, continuando así su tradición hasta la promulgación de las Leyes de Reforma durante el gobierno liberal de Benito Juárez.

Transcurrió la etapa del porfiriato y fue hasta 1915, en plena Revolución Mexicana, que el general Salvador Alvarado arribó a la ciudad investido por los poderes extraordinarios que le confirió el primer jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, y dispuso del Palacio Arzobispal como morada de sus tropas durante seis días (19 al 24 de marzo). A los tres meses Alvarado ordenó la transformación del inmueble para comenzar una nueva era: la del Ateneo Peninsular. Con José del Pozo como director, la pintura, música y literatura fueron algunas de las primeras disciplinas a las que tuvieron alcance los ciudadanos, viéndose beneficiados por las ideas sociales y liberales de la posguerra y que culminarían con la creación de una valiosa generación de artistas yucatecos.

Gonzalo Navarrete Muñoz