El Pinar

Calle 60 #331, Centro, 97000


Erigida en la época del porfiriato, con el estilo arquitectónico que dictaba Francia,  una historia de horror recorrió las paredes de esta hermosa mansión.


La mansión conocida en Mérida como El Pinar está ubicada en la calle 60 norte, que a principios del siglo XX comunicaba con el pueblo de Itzimná.

Esta es una de las casonas emblemáticas de los años dorados del comercio del henequén, que dejaba grandes fortunas a los dueños de las plantaciones, quienes comenzaron a construir mansiones grandiosas, utilizando diseños, muebles y materiales europeos siguiendo las tendencias arquitectónicas del Renacimiento francés.

Durante muchos años El Pinar estuvo abandonado, y prácticamente en ruinas. Comenzó a correr el rumor de que era una casa maldita, pues mientras en las casas que la rodeaban florecía la vegetación, los exteriores de la casa eran prácticamente terreno desértico.

Según una investigación de Rubén Frías Bobadilla, periodista nativo de Progreso, en esa casa vivió a finales del siglo xix un matrimonio sin hijos, de origen portugués. Al parecer la mujer fue mordida por un murciélago que la contagió de hidrofobia y su esposo decidió encerrarla en una de las habitaciones superiores ya que en esa época no había cura para la enfermedad. El desenlace de la historia, a decir del periodista citado, fue que la mujer murió allí entre gritos de dolor, víctima de sus propias mordidas y que el viudo abandonó El Pinar para volver a Lisboa.

La casona, abandonada durante un periodo muy largo, fue rescatada luego por Alberto Bulnes Guedea, quien se dedicó a  restaurarla respetando la mayor parte de sus detalles originales. Años después, el señor Bulnes le vendió la propiedad a José Trinidad Molina Castellanos, cuya esposa la habitó como residencia familiar.

En el año de 1919, El Pinar se abrió al público y ahora se ofrecen recorridos privados en los que los visitantes pueden admirar los detalles originales del inmueble.

Sergio Ceballos Castillo